El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, defendió en las últimas horas en más de una oportunidad el sistema de bandas frente a la propuesta de libre flotación del dólar. Incluso el presidente Javier Milei, una semana atrás en una entrevista con Financial Times, hizo lo propio. “Al menos hasta las elecciones de finales de 2027″, respondió ante la consulta sobre la continuidad del esquema.
El dilema de la Casa Rosada es, ya superado el desafío electoral de octubre, qué hacer con la política cambiaria.
El Gobierno mantiene desde que se levantó el cepo un régimen de bandas cambiarias que define un piso y un techo para el tipo de cambio oficial actualizados al 1% mensual. Dentro de ese margen la divisa se mueve con “libertad” para intervenir cuando la cotización toque alguno de los extremos.
En ese sentido, Milei afirmó que mantendrá las bandas con el objetivo de “moderar la volatilidad crónica de la Argentina”. “Serán mucho más amplias dentro de dos años”, dijo y agregó que “las bandas están diseñadas para que se abran con el tiempo y llegará un momento en que serán irrelevantes”.
Sin embargo, la atención vuelve a centrarse en la evolución del mercado cambiario y en la capacidad del Gobierno de mantener este esquema en el que, aun con la contundente victoria electoral, el tipo de cambio volvió a acercarse al techo de la banda.
De acuerdo con un informe de la consultora Invecq, la fuerte compresión del riesgo país otorga cierto margen para continuar con el sistema actual. Si el Gobierno logra consolidar señales políticas positivas y el Banco Central empieza a recomponer reservas, la recuperación del acceso al financiamiento externo daría tiempo al equipo económico al aportar una mayor oferta de divisas. Sin embargo, sin ingreso de capitales, el frente cambiario podría volver a tensionarse.
Caputo se vio obligado el fin de semana a salir a desmentir las versiones que hablaban de una corrección al esquema que las actualice con un movimiento superior, del 1,5% mensual.
“Me siento cómodo con cualquier precio del dólar que esté dentro de la banda”, destacó el titular del Palacio de Hacienda en una entrevista con La Nación. “La gente no quiere sorpresas ni ver que el dólar se fue a $1.700 porque pasó algo”, agregó.
“Si flotáramos, hasta podría funcionar bien. Pero esa decisión, ajustada por riesgo, no vale la pena. Porque lo que estamos haciendo con las bandas es flotar de manera gradual. Estamos logrando el mismo efecto pero dándole más tranquilidad a la gente. Si el dólar sube al techo de la banda, de ahí no pasa. Así que andá a dormir tranquilo que con el dólar no pasa nada”, remató.
En este contexto, Caputo salió nuevamente a afirmar que “el actual es un esquema superador”, ante empresarios del sector asegurador y explicó que Argentina tiene una enorme volatilidad en la demanda de dinero” y que, por eso, “una flotación libre sea algo complicado”. Entre los motivos, el ministro consideró que el mercado local es “muy poco profundo” y no puede darse el lujo de flotar completamente.
“La gente quiere certidumbre, hay mucha sensibilidad. Las bandas son una manera de flotar de una forma mucho más previsible para la gente, sin sobresaltos”, agregó.
La falta de credibilidad, alta tendencia a la dolarización, rápida transmisión de devaluaciones a los precios (pass-through) y un contexto de fragilidad política y financiera que amplia cualquier shock externo son las razones con las que los analistas argumentan el miedo a la flotación.
Como consecuencia, las reservas internacionales y la tasa de interés se vuelvan las verdaderas variables de ajuste, en lugar del tipo de cambio. Es decir: se interviene vendiendo dólares o subiendo tasas para defender el valor de la moneda.
En este contexto, el Gobierno sobrevuela la segunda mitad de su gestión con un dólar contenido que puede incidir tanto en las tasas como en las reservas, dos factores clave para el crecimiento y la estabilidad de la economía argentina.